3º etapa les Coves - Cuenca

Cañete - Cuenca

Suena el despertador, otra vez, a las 7:00 a.m., pero hace rato que estamos despiertos. Hacia las seis se ha desatado una tormenta que nos ha despertado a todos. Yo, incluso dudo que podamos hacer la etapa planificada hasta Cuenca.

Nos preparamos las cosas, nos aseamos, vestimos y bajamos a por las bicis, ya que el desayuno aún no está preparado.

Salgo a la calle y me sorprendo de los pocos charcos de agua que hay. Parece que la tormenta ha sido de “mucho ruido y pocas nueces”.

Esperemos que los caminos por donde circulemos estén igual que el pueblo de Cañete.

Nos avisan de que ya podemos pasar al comedor, así que dejamos las bicis, aún en el garaje y entramos a coger fuerzas para la tercera etapa.

Esta mañana no hay tantas risas como en la cena de la noche anterior, el cansancio empieza a hacer mella.

Hoy se nos une el compañero que ha venido directo de Jaén (por motivos laborales no pudo empezar la aventura con nosotros) para hacer la última etapa.

Cogerá el primer tramo el furgón, pues asegura que no está en muy buena forma, cosa que no es cierta y constatamos a lo largo de la etapa.

Después de darnos un buen homenaje con el desayuno (igual que con la cena de la noche anterior). Vamos a por las bicis, las repasamos y engrasamos para que todo vaya perfecto. Por suerte hasta ahora no hemos tenido ni un problema mecánico exceptuando el pinchazo.

Como cada día, fuera del horario programado por nuestro “track-man”, empezamos a pedalear a las 9 y poco. Y, también, como cada día el track nos depara alguna encerrona esta vez a las primeras de cambio.

El track nos adentra en la zona amurallada del pueblo de Cañete para ascender una pendiente importante, que nos pone el corazón a mil, que nos lleva hasta el castillo que vigila desde lo alto Cañete.

Cruzamos parte de la muralla que queda del castillo, para situarnos en la cara opuesta y empezar un descenso técnico entre pinos que hace la delicia de algunos compañeros. No la mía pues soy bastante “patoso” en estas tareas.

Llegamos a una pista ancha de tierra bien compactada y esperando/buscando a un compañero que se ha adelantado, conocemos al “chico de la farmacia” del pueblo que con su bici de un solo piñón, sin suspensión y su perra, nos acompañan un tramo del trayecto (¡Mucho gusto haberte conocido!).

Tras una larga ascensión con un piso bastante firme, compuesto de asfalto, tierra y algo de gravilla, coronamos la primera subida del día. Nos despedimos de nuestro improvisado compañero y su perra, y nos lanzamos camino abajo.

La bajada la realizamos por un camino de tierra de rodeno en perfecto estado (las roderas o piedras casi las pude contar con los dedos de la mano) y rodeados de árboles. Disfrutamos todos de lo lindo (incluso yo que no bajo mucho).

 

Con  una pendiente menos pronunciada y un paisaje no tan excepcional como el de la bajada aterior, seguimos sumando kilómetros hasta llegar a Pajaroncillo. En este pequeño pueblo nos espera nuestro compañero “viajero”. Comemos algo, cambiamos de conductor y directos hasta el siguiente pueblo, Pajarón, esperemos que el nombre no sea una premonición.

Vamos pedaleando por caminos anchos de tierra y con buen firme. El paisaje siempre es el mismo, bancales de siembra, resecos por la escasez de lluvias y un camino que sube y baja constantemente sin dar tregua a las piernas.

Llegamos a Pajarón, y el track nos dirige hacia el castillo. Decidimos evitar subir hasta allí y recortar unos metros (tanto de distancia, como de ascensión). Fotos de rigor y ha seguir pedaleando, próxima parada y última antes de Cuenca, Cañada del Hoyo.

Seguimos con pistas anchas y de buen piso, pero algo monótonas, hasta que al coronar un repecho el track nos manda por un GR que nos devuelve la alegría de las sendas por unos minutos. Finalmente dejamos el GR, para volver a las pistas anchas de tierra, bordeadas por enormes campos sembrados de girasoles.

Este tramo se me estaba atragantando de lo lindo, me dolían las piernas, sentía un vacío en el estomago que hacía que los kilómetros fueran interminables.

Por fin llegamos a Cañada del Hoyo, donde nos esperaban parte de nuestras familias. Con un recibimiento como aquel, las fuerzas vuelven a recuperarse de golpe.

Saludos, hidratación, comentarios de lo hecho hasta el momento y, finalmente, despedida hasta Cuenca.

Continuamos y las pistas anchas nos llevan hasta un camino que transcurre entre montes y pinos, que siempre en una ligera subida va zigzagueando como si de un riachuelo se tratara.

Si creía que hasta Cañada del Hoyo lo había pasado mal, esto era peor, pero poniendo cara de póker y pedaleando en última posición iba sumando kilómetros sin hablar demasiado.

Durante este trayecto hicimos algunas paradas para ver las torcas (agujeros impresionantes en el suelo, algunos tienen agua y las algas que contienen les hacen cambiar de color) y el pino candelabro.

Llegamos a unas pistas asfaltadas (la pista principal de las Torcas) y creíamos que ya estábamos muy cerca de Cuenca, pero aún nos quedaban algunos kilómetros que realizar.

Nos desviamos a derecha dejando la pista principal y adentrándonos en un camino lleno de piedras, pero con un entorno precioso. En este trayecto vimos ciervo, caballos, perdices, etc, una gozada.

Después de llanear un rato, llego una bajada con piedras y una senda (unos la hicieron, y otros seguimos por el camino), que nos llevaría a la última subida del día.

Con las fuerzas escaseando, pero sin que nadie se rezagara, coronamos con la esperanza de que quedaran pocos kilómetros hasta Cuenca, pero ni el perfil, ni los kilómetros que llevábamos del track decían eso.

Por suerte el perfil del track marcaba que todo era bajada, pero nada más lejos de la realidad.

Si que mayoritariamente era favorable, pero entre los inmensos charcos que ocupaban todo el ancho del camino, el barro y los continuos repechotes que encontrábamos se estaba haciendo eterno.

Para colmo nuestro “guía amateur” se equivoco en una bajada asfaltada de generosa pendiente que tuvimos que remontar al percatarnos del error.

Y la guinda que nos esperaba cuando vimos Cuenca, era una trialera con piedras y rocas sueltas que nos llevaría hasta las puertas de la ciudad. Con cuidado y buena letra llegamos a las calles de Cuenca.

Nos ponemos en contacto con el resto de la expedición que nos esperaba en el puente de entrada. Otra guinda para llegar.

La última cuesta y ¡vaya si cuesta!, hasta la “casa colgante”, pero la sorpresa que nos depararon nos hizo subir sobrados. ¡Gracias por el espectacular recibimiento!.

Fotos, videos, saludos, besos, risas, emoción a tope y para el hotel a asearnos y a buscar algún sitio donde nos den de comer, que nos lo hemos ganado.

¡OBJETIVO CUENCA CONSEGUIDO!

Lo que paso después de la comida….., es otra historia.

Han intervenido en esta aventura:

Los ciclistas:

  • Cèsar, “el organizador”;
  • Hector, “el habilidoso”,
  • Juanma, “el guia amateur”;
  • Paco “el crack”;
  • Davi, “el duro”;
  • Toni, “el viajero”
  • y yo “el último”.

Los acompañantes y animadores de la llegada:

  • Tico “track-man”
  • Evelin
  • Gala
  • Guillem
  • Salome
  • Lola
  • Pere
  • Rosa
  • Clara
  • y Nuria

Este relato es en honor a la Peña Cicllista les Coves y en especial a los compañeros que no han podido venir por unos motivos u otros ha realizar con nosotros esta aventura. A la próxima todos juntos. ¡Un abrazo a todos!

2 comentarios en “3ª etapa les Coves – Cuenca

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